SALMOS MESIÁNICOS

 

Por Rodolfo Vásquez L.  

 

La Tentación.                        

Introducción

 

El Salmo 91 es un salmo conocido universalmente. Lamentablemente también

es uno de los salmos peor utilizados y  mal aplicados por aquellos  quienes

buscan en él una protección, meramente supersticiosa, y cuyo andar en este

mundo está muy lejos del carácter santo y perfecto del Señor Jesucristo, 

de quien hacen referencia sus letras. Millones de personas que no conocen a

Cristo como Salvador personal han procurado buscar en este salmo

protección y alivio en circunstancias difíciles, sin el genuino anhelo de conocer

más personalmente al Autor y al que es el tema del Salmo, nuestro Dios y

nuestro bendito Salvador, el Señor Jesucristo.

A través de la historia, para miles de creyentes, ha sido motivo de verdadero

consuelo y fortaleza en medio de las aflicciones, pruebas y tentaciones, que

constituyen las experiencias de todo santo que va por este mundo,

atravesando un verdadero desierto, lleno de peligros y trampas. Todo y cada

uno de los verdaderos creyentes, cuenta con los cuidados y protección de su

buen Padre Celestial, quien se constituye en el verdadero refugio de todo

santo en tiempos de aflicción.

Este salmo Mesiánico, nos da una visión maravillosa del carácter santo, de la

perfección moral e impecabilidad de la persona de nuestro Salvador.

Su tema principal es la Persona del Mesías en su íntima comunión con su

Dios. Su triunfo en medio de una verdadera batalla moral y espiritual. Su

exaltación a la diestra del trono de Dios.

En nuestro deseo que esta breve exposición del salmo produzca el interés

de quienes aman al Señor con amor inalterable; para escudriñarlo más y

gozarse más de las excelencias de nuestro amado Salvador.

 

GENERALIDADES

 

Los Salmos 90 y 91 son la introducción al cuarto libro de salmos, el cual consiste en diecisiete salmos, terminando con el número 106. El cuarto libro de salmos se corresponde con el cuarto libro del Pentateuco —Números— y es un comentario sobre las experiencias del pueblo de Israel en el desierto. Moisés es el autor del Salmo 90 y probablemente del 91 también. Hay muchas expresiones en los dos salmos que son similares o idénticas al lenguaje empleado por Moisés en su despedida a Israel en Deuteronomio 32 y 33. El nombre de Moisés es usado siete veces en esta sección de los salmos. El 90 habla del castigo judicial de un pueblo que finalmente fue rebelde en el desierto y el 91 de la preservación divina de “Uno” que fue fiel en medio de las tentaciones. Este “Uno” es la persona del Hijo de Dios, visto en este salmo como el Mesías fiel, el Hombre perfecto y el Siervo Perfecto. El salmo 90 es un lamento y el 91 un canto de triunfo.

Algunos autores aplican este precioso salmo a la protección que tuvieron los primogénitos de Israel en aquella noche terrible de juicio, durante la pascua en Egipto.

 

Puede decirse que este salmo es profético, anticipando la protección y liberación del remanente judío de creyentes fieles durante los terribles días de la gran Tribulación. Su tema principal es la protección Divina hacia el Mesías, en medio de la tentación. Como tema subyacente tenemos también la protección Divina sobre todo justo a través de la historia.

 

Sugiero varios bosquejos que pueden ser de ayuda para la comprensión y exposición:

 

I. La Divinidad habla de tres maneras en este salmo.

 

Habla el Espíritu. V.1: El Espíritu de profecía habla

Habla el Mesías. V.2: El Hijo responde

Habla el Espíritu y David. V.3-13: El Espíritu habla de nuevo en el 3-13

Habla el Padre. V.14-16: El Padre confirma el testimonio del Espíritu y honra 7 veces al Hijo

 

II. Nuestra senda.

  1. El Santuario v. 1-2

  2. El conflicto v. 3-13

  3. El trono v. 14-16

Este es el bosquejo preferido del que escribe estas notas. Esta también es nuestra senda. Entramos al santuario, tenemos un largo conflicto, pero finalmente la gloria en la presencia del Señor.

 

III. Cuatro descripciones del Escondedero v. 1-4

 

  1. Abrigo.         v.1        ️Lugar secreto

  2. Castillo.        v.2        ️Lugar Impenetrable

  3. Un nido.       v.4        ️Alas de águila o querubines, o alas de gallina como en Mt 23:37

  4. Escudo.         v.4       Escudo y Adarga. (La armadura del soldado Efesios 6)

 

IV. Cuatro nombres del enemigo v.13

 

  1. León        

  2. Aspid

  3. Cachorro de león

  4. Dragón

 

V. Cuatro nombres Divinos

 

  1. Altísimo           (Elyon)                                   Gen.  14:19.      ️ Protección

  2. Omnipotente    (Shaddai)                               Gen. 17.            ️ Provisión

  3. Jehová.           (Yahveh)(Guarda el pacto).       Éxodo 3:14      ️   Fidelidad

  4. Dios.              (Elohim)                                  Gen.1:1             ️ Majestad y gloria.

 

El que habita (hace su hogar) al abrigo del Elyón morará (pasará la noche) bajo la sombra del Shaddai. Dirá de Jehová que Él es su esperanza y castillo; es su Elohim y en Él confiará. Estos títulos tan magníficos describen la majestad de Dios, su gloria, poder, compasión y ternura. Son el recurso y el escondite para cada hijo de Dios que sea débil o esté cansado.

 

VI. Cuatro aspectos de la protección divina, v. 1 al 4

 

  1. Abrigo  v.1

  2. Castillo v.2

  3. Nido      v.4

  4. Escudo  v.4

 

Diez peligros satánicos, vs. 3 al 13

 

  1. El lazo del cazador. v.3

  2. Peste destructora.  v.3

  3. Terror Nocturno.  v.5

  4. Saeta que vuela de dia.v.5

  5. Pestilencia en oscuridad.v.6

  6. Mortandad en medio del día destruya.v.6

  7. Mal que sobrevenga.v.10

  8. Plaga no toca su morada.v.10

  9. Tropezar su pie.v.12

  10. Las fieras del desierto.v.13

 

Siete  promesas al Mesías, vs. 14 al 16

 

  1. Lo libraré.v.14

  2. Pondré en alto.v.14

  3. Le responderé.v.15

  4. Con el estaré en la angustia.v.15

  5. Le glorificare.v.15

  6. Le saciare de larga vida.v.16

  7. Le mostrare mi salvación.v.16

 

El Santuario. v.1-2  

 

“El que habita al abrigo del Altísimo Morará bajo la sombra del Omnipotente. Diré yo a Jehová: Esperanza mía, y castillo mío; Mi Dios, en quien confiaré.”           

Con reverencia el Espíritu corre el velo y nos introduce en el “secreto lugar”. El lugar donde la gloria del Altísimo brilla. En este lugar secreto moraba el Hombre Cristo Jesús cuando pasó a través del mundo como peregrino y extranjero. Cristo es representado como el Arca a la sombra de los querubines morando bajo la protección del omnipotente. Aquí tenemos el secreto espiritual de la vida de Jesús. Su corazón fue un perfecto santuario donde Dios moraba. Juan 2:19.  Nunca ha habido una vida como la Suya. Vivía en comunión absoluta y constante con Dios Su Padre. Nunca actuaba con voluntad propia, sino que sólo hacía las cosas que el Padre le dirigía hacer. Aunque Él es Dios perfecto, también es Hombre perfecto, y vivía Su vida en la tierra con total y  completa dependencia de Dios. Sin equivocarse podía mirar arriba y decir: «Esperanza mía, y castillo mío; Mi Dios, en quien confiaré». En este salmo veremos la vida de Cristo expuesta a toda tentación y asalto, y también su perfecta humanidad expresándose en perfecta obediencia bajo la sombra del altísimo.

Este salmo es un cuadro del Perfecto Hombre, animándonos a hacer de nosotros personas que se refugian bajo la sombra del Omnipotente. En este lugar, en la presencia de Dios, está el secreto de Su provisión, Su protección, Su poder. Antes de salir al conflicto, al servicio, al ministerio, debemos – y gracias al Señor que podemos-  estar en este lugar secreto: Más lectura de Su Palabra, más meditación, más tiempo en su presencia.

Tenemos en esta porción 2 de las 4 descripciones  del Escondedero del Hombre Perfecto:

• Es un abrigo o lugar secreto. Sólo Dios y sus hijos lo conocen. Esta misma idea del abrigo se encuentra en los querubines sobre el propiciatorio, en el lugar santísimo del tabernáculo, y también en la columna y la nube sobre el mismo. Dios se hacía presente, cubriendo a su pueblo.

• Es un castillo; el enemigo no penetra allí. "Castillo fuerte es nuestro Dios", escribió Martín Lutero en su famoso himno, protegido al amparo de un castillo cuando buscaban su vida los enemigos del Evangelio. En palabras de Hebreos 13:6, todo creyente puede confiar en este tiempo de la gracia y de los fieles cuidados del Señor; y la segura protección de su presencia y Su buena voluntad para con nosotros.

 

El Conflicto v.3-13.

 

Desde el 3 al 13 la escena cambia violentamente y el Mesías entra en la realidad terrible de un campo de batalla lleno de muerte y pestilencia, donde toda la humanidad yace bajo el poder de la muerte y el pecado. Hay terrores y trampas por todos lados. El Hijo de Dios pasó a través de este mundo como por el medio de un valle de huesos secos. Las flechas vuelan y el enemigo ataca de día y de noche, abiertamente y traicioneramente. Miles y diez mil, aún millones han caído por la pestilencia del pecado; mientras Cristo pasa a través de peligros y tentaciones hasta Jerusalén, para entregar su vida y liberar a los esclavos del pecado y del Diablo. El pecado no le toca, ni tampoco la oposición y contradicción de los hombres le hace sucumbir o desistir de cumplir la voluntad de su Dios; porque  su corazón es inmaculado y Él es el  impecable hombre que vive bajo la protección Divina. Todas las flechas y lanzas fueron destrozadas por el escudo de la fidelidad y confianza de Cristo en la Palabra de Dios.

 

Hay 10 peligros en el campo de batalla que mencionamos en el Bosquejo VI:

  • El lazo del cazador. V.3

El lazo del cazador lo encontramos en Mt.22:15-22. Allí los enemigos del Salvador procuraron cazarle en sus palabras. Los herodianos tendieron el lazo al preguntarle sobre el impuesto a Cesar; los saduceos racionalistas le tendieron la trampa sobre el tema de la resurrección y finalmente los fariseos hipócritas quisieron atraparlo respecto al mandamiento más importante de la ley. Pero Cristo, quien es “Sabiduría y Poder de Dios”, supo desenmascarar sus intenciones y responder admirablemente. Que paciencia del bendito Hijo de Dios de soportar corazones tan malvados y responder una a una sus preguntas.

  • La peste destructora (pecado) v.3

Como la carta a los Romanos5:12 lo describe muy bien la peste destructora entró en el mundo por el primer hombre. “Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron”. Pero en el Hombre perfecto, Cristo Jesús, la peste nunca le alcanzó; porque él es el “Cordero sin mancha y sin contaminación”.

  • El terror Nocturno  v.5

El espanto nocturno nos sugiere las horas terribles de Getsemaní. Jn.18:3-9. Donde el temor se apodero de todos los discípulos. En cambio el Señor, no obstante los terribles sufrimientos que se avecinaban sobre Él, la angustia de su alma y profunda tristeza, su alma estaba en paz.

  • La saeta que vuela de día, v.5

Abiertamente los enemigos procuraron destruirle por medio de complots y difamaciones. Tentarle y provocarle. Era la más preciada presa del enemigo en su afán de frustrar la obra de Dios. Él siempre estuvo en la mira de los arqueros para asaetearle; pero ni aun los ejércitos demoniacos pudieron herirle, ni encontrarle desprevenido. Él era intocable en cuanto a la muerte. Su hora estaba determinada por el Padre y Él lo sabía muy bien. No así nosotros, pecadores, cuya hora esta siempre presta Juan 7:6. José, el amado, fue asaeteado por los arqueros. Allí, los brazos del Todopoderoso le fortalecieron. También el Hijo amado fue protegido por las manos del Dios de Jacob. Génesis 49:23-24

  • La pestilencia  en oscuridad, v.6

La destrucción de día y de noche la enfrentó cuando fue hecho pecado por nosotros. Tras el maltrato de los hombres y de los poderes satánicos sobre la santa Víctima, profundas tinieblas envolvieron al Señor, cuando la pestilencia del pecado cayó sobre Él y fue desamparado por su Dios.

  • Mortandad que en medio del día destruya, v.6

El mediodía nos habla de la hora álgida de la crucifixión. “ …” (Lucas 23:44 y 45) “

  • Mal que sobrevenga, v.10

Creemos que Su santo cuerpo fue libre de toda enfermedad. Nada había que dañara Su santa morada y Su naturaleza humana perfecta.

  • Plaga que no toca su morada, v.10

La morada es la tienda o tabernáculo de Su cuerpo, en el cual habito del Verbo de Dios. Jn.1:4.

  • Tropezar su pie, v.12

Esta era la promesa asegurada en los caminos de obediencia del Señor. “

  • Las fieras del desierto, v.13

El Señor vencedor. Tras el triunfo desde la tentación en el desierto, estaba con la fieras, y los ángeles le servían (Marcos 1:13)

 

v.4 “Con sus plumas te cubrirá, Y debajo de sus alas estarás seguro; Esta es una de la figuras más hermosas con que nuestro Dios es presentado en sus cuidados para con los suyos, y mucho más, en su protección para con el Señor. Fue en relación a los cuidados sobre Israel que este hermoso símil lo encontramos en Deuteronomio 32:11.

La protección del Señor es vista como un nido de aves al abrigo de su madre o como los polluelos de la gallina abrigados y protegidos. Se dice del Espíritu Santo, en Génesis 1:2 que él estaba sobre la faz de las aguas, es decir como empollando la creación, cubriéndola para producir vida. También, el día de la pascua, se prometió al primogénito que Dios se pararía en la puerta, para cubrirla con su presencia, y no dejar entrar al heridor. Éste es el sentido que los judíos dan a este importante texto de Éxodo 12:23. También las alas de los querubines, que cubrían el tabernáculo, son vistos en esta expresión del salmo. Estas alas nos hablan del amparo eterno que tienen todos los redimidos por la sangre de Cristo. Bajo estas alas de salvación y protección se ampararon en antaño Rut la moabita (Rut 2:12) y David.

Como no recordar las angustiantes palabras del Señor sobre Jerusalén: “¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas, y apedreas a los que te son enviados! ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina junta sus polluelos debajo de las alas, y no quisiste!”

El Señor se complace en compararse a un ave por el sumo cuidado con que protege a los suyos, los ampara, los abriga y los sustenta.

Escudo y adarga es su verdad.”

Tenemos la Palabra de Dios como un escudo en la tentación. Esto nos habla de las armas del soldado. Vienen a la mente la coraza y otras armaduras que figuran en Efesios 6. Los romanos tenían un escudo grande llamado “el escudo puerta” que protegía a los escuadrones de las flechas lanzadas desde la distancia; como los dardos de fuego del maligno. La adarga es el escudo redondo más pequeño que protege en la batalla cuerpo a cuerpo. Dios nos protege de ataques desde lejos y en la lucha personal en el día malo.

Dios está dispuesto a proteger a su pueblo como una gallina a sus polluelos y también a defenderlos como un guerrero bien armado, con escudo y adarga.

v.7. Caerán a tu lado mil, Y diez mil a tu diestra; Mas a ti no llegará. A diferencia de todos los hombres Su corazón es puro. Cristo venció al pecado el cual nunca le toco. El libro de Números describe las diversas plagas que alcanzaron a los israelitas en el campo y en la marcha; todas ellas consecuencia de la necedad y el pecado. Murieron 14.700 en la rebelión de Coré, Números 16. Otros 24.000 en la plaga que vino a consecuencia del pecado con las mujeres de Moab (capítulo 25) Al cabo de los cuarenta años quedaron sólo dos, Josué y Caleb, de entre los más de 600.000 que habían salido de Egipto. En la consumación de los siglos, sólo Uno aparece incólume frente al pecado. ”Santo, inocente, sin mancha, apartado de los pecadores y hecho más sublime que los cielos” Hebreos 7:26

v.8. Ciertamente con tus ojos mirarás Y verás la recompensa de los impíos.

El Señor pudo anticipar con sus ojos proféticos los terribles días de juicio que vendrían sobre la impía Jerusalén, llena de incrédulos, quienes se atrevieron a echarle fuera de sus corazones. “Y cuando llegó cerca de la ciudad, al verla, lloró sobre ella,  diciendo: ¡Oh, si también tú conocieses, a lo menos en este tu día, lo que es para tu paz! Mas ahora está encubierto de tus ojos.  Porque vendrán días sobre ti, cuando tus enemigos te rodearán con vallado, y te sitiarán, y por todas partes te estrecharán,” y te derribarán a tierra, y a tus hijos dentro de ti, y no dejarán en ti piedra sobre piedra, por cuanto no conociste el tiempo de tu visitación. Lucas 19:41-44.

 La recompensa de los impíos será siempre juicio dolor y crujir de dientes. “Porque Jehová conoce el camino de los justos; Mas la senda de los malos perecerá.” Salmo 1:6 El pueblo de Israel contempló con sus ojos la recompensa de los impíos (Éxodo 14:30-31)

v.9. Porque has puesto a Jehová, que es mi esperanza, Al Altísimo por tu habitación,

Puede que en este verso escuchemos la voz de David refiriéndose al Mesías. Jehová es la esperanza de David en sus tribulaciones  y la habitación o morada del Mesías en sus aflicciones. La habitación nos habla de seguridad y satisfacción que el creyente haya en el Dios Altísimo

V.11-12. Pues a sus ángeles mandará acerca de ti, Que te guarden en todos tus caminos. En las manos te llevarán, para que tu pie no tropiece en piedra.

Aquí contemplamos la protección angelical sobre el Mesías. En la antesala del calvario pudo decir ¿Acaso piensas que no puedo ahora orar a mi Padre, y que él no me daría más de doce legiones de ángeles? (Mt26:53) Era su derecho como hombre perfecto. Pero no hizo uso de sus derechos, rechazando todo refugio angelical  y peleando la batalla solo. En la tentación, enfrentó la batalla en comunión con su Padre, pero en el Calvario,  enfrentó la batalla final sin ayuda de Dios,  desamparado completamente.

Como su divina gloria, El hace a un lado todos los derechos de protección angelical. Sobre la cruz, con toda protección velada, cada enemigo se dispuso contra El. El hizo frente los dolores de la cruz a pleno sol y la pestilencia de la oscuridad; cuando el pecado fue puesto sobre El y fue hecho pecado por nosotros.

Podemos considerar el gran privilegio de los ángeles en su servicio y cuidado del Señor. Le vieron en Belén encarnado,  y todas las huestes celestiales cantaron al contemplar la humillación de su Creador. Le ministraron en el desierto, al finalizar el conflicto en la tentación. Durante toda su vida le custodiaron y aun le fortalecieron en la hora de su mayor angustia; “Y se le apareció un ángel del cielo para fortalecerle” (Lucas 22:43) Vigilaron su tumba y lo llevaron al cielo para sentarse a la diestra de Dios (Lc.24:51)

v.13. Sobre el león y el áspid pisarás; Hollarás al cachorro del león y al dragón.

Finalmente las fieras son desenmascaradas;  todas ellas sedientas de sangre buscando clavar sus colmillos mortales sobre el Cordero de Dios. Allí se encuentran el león, el áspid y el dragón. Estos tres se usan en las Escrituras como figuras de Satanás. El león devora, 1 Pedro 5.8; la serpiente (o el áspid) es el más astuto (Génesis 3.1) El dragón es el perseguidor, que despedaza y destruye a su paso (Apocalipsis 12.13)  

Cuando el lazo del trampero rodeó al Salvador, y las tinieblas abrieron sus fauces de muerte, desde dentro, como Sansón desde dentro de Gaza, así el Mesías logró una eterna victoria. Aplastó al león y al dragón, y cortó la cabeza del gigante, como David a Goliat. Cuando parecía que las tinieblas triunfaron, al tercer día los derrotó con su gloriosa resurrección. El prevaleció con un grito de triunfo cuando dijo “consumado es”. En su triunfo El liberó gloriosamente a los esclavos del pecado, de su temor de la muerte, para siempre (Heb.2:14-15; Efesios 4:9)

También estas palabras tienen una relación directa con Génesis 3.15. La simiente de la mujer heriría la cabeza de la serpiente. Satanás fue derrotado cuando tentó a Jesús en el desierto, pero fue en el Calvario que su cabeza fue pisada y su poder sobre la muerte anulado (Hebreos 2.14) Pablo pudo consolar a los santos en Roma con las palabras: "Dios aplastará en breve a Satanás bajo vuestros pies" (Romanos 16.20)

 

El Trono  v.14-16

 

v.14. Por cuanto en mi ha puesto su amor. Jn.14:37. Su amor: Todo encuentra su origen en el amor de Dios y nuestra respuesta a éste. Fue así primeramente en cuanto a Cristo y su amor para con su Padre, mencionado repetidas veces en Juan 13 al 17. Nosotros le amamos a Él porque Él nos amó primero.

Ha conocido mi Nombre. Su nombre: Esto puede ser aplicado al Señor Jesucristo en su resurrección y exaltación a la diestra de Dios. Nosotros también, al conocer y regocijarnos en los nombres de Dios, al comienzo del Salmo. Podemos ser sacados de este mundo triste y entrar en la paz del abrigo secreto del Altísimo. También podemos regocijarnos en el hecho de llamarle Padre. Él nos revelo al Padre y en esa revelación tenemos vida eterna.

V.15. Me invocara y le responderé. Esto es verdad en cuanto a la vida secreta de oración de nuestro Señor, cuando Él estaba aquí abajo, como nos narra el Evangelio de Lucas, de una manera tan hermosa. Testificamos gustosamente que Dios contesta la oración; una y otra vez, el Señor ha respondido oportunamente a nuestros ruegos. Y esto, porque somos aceptos en el Amado.

"Con él estaré yo en la angustia". Job dijo que el hombre nacido de mujer es corto de días y hastiado de sinsabores. En contraste, el Salvador nos manda a que nuestros corazones no se turben: "Creéis en Dios", dice, "creed también en mí". Qué consuelo es contar con la presencia Divina en nuestra angustia. El Padre estuvo con el Señor en la angustia de Getsemaní y también en la angustia del Calvario.

 “lo  libraré y le glorificaré". La Palabra declara: "Yo honraré a los que me honran, y los que me desprecian serán tenidos en poco" (1 Samuel 2.30) Esta realidad se ilustra en las vidas de Moisés, José y Daniel; y en las experiencias de muchos otros desde aquellos tiempos. Cristo fue librado de la muerte y del poder del sepulcro y ascendió en gloria a la diestra de Dios. Pronto vendrá el día cuando toda rodilla se postre ante El.

v.16. "Lo saciaré de larga vida". El Salmo 90.10 asigna setenta, hasta ochenta años, para la vida del débil hombre. Moisés vivió hasta los 120. Al cabo de este lapso sus ojos no se habían oscurecido y su vigor estaba intacto. Josué alcanzó los 110 años. Caleb a los 85 años solicitó una responsabilidad muy exigente: se enfrentó a los tres hijos de Anac y conquistó la ciudad real de  Hebrón (Josué 14.12) De Cristo, dice la Biblia,  vivirá por largos días. Isaías 53:10. Son los días de la eternidad.

"Le mostraré mi salvación". La salvación tiene tres tiempos: pasado, presente y futuro. Es la libertad de la pena del pecado, del poder del pecado y de la presencia del pecado. La salvación es el programa maravilloso de Dios, concebido en el pasado, obrado en el presente y admirado por la eternidad futura. Dios  mostrará la grandeza del plan de salvación y las consecuencias eternas de la obra que Él consumó por amor al Padre y a nosotros, en la Cruz del Calvario.

 

La tentación de Cristo

 

La tentación de nuestro Señor está relatada mayormente en Mateo 4.1 al 11 y Lucas 4.1 al 13. El primer acto suyo después de su bautismo en el Jordán, al comienzo de su ministerio público, fue el de ir al desierto para ser tentado por el diablo. Marcos dice que el Espíritu le impulsó, 1.12. Esto no quiere decir que Él fue conducido allí contra su voluntad. Cual postrer Adán, Él sería probado donde el primer Adán había fracasado; aunque no en las mismas condiciones. 

La primera tentación se realizó en un huerto deleitoso, un ambiente perfecto. La de nuestro Señor se llevó a cabo en un desierto, después de cuarenta días de ayuno. La tentación del Señor fue dirigida al cuerpo, alma y espíritu.  Primeramente se apeló al cuerpo, ya que Él tenía gran hambre. "Si eres Hijo de Dios,

di que estas piedras se conviertan en pan". Él contestó: "No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios". Luego, el enemigo apeló a su espíritu. El diablo llevó al Señor a la santa ciudad y le puso  sobre el pináculo del templo. Le dijo, "Si eres el Hijo de Dios, échate abajo". Y citando parcialmente el Salmo 91.11, 12. "… a sus ángeles mandará acerca de ti" y "en tus manos te sostendrán, para que no tropieces con tu pie en piedra". Suprimió las palabras, "que te guarden en todos tus caminos".  Al echarse del pináculo del templo, Él hubiera impresionado poderosamente a la multitud congregada allí;  no conforme a la voluntad del Padre.  Sería la vanagloria del mundo  y no la gloria de Dios. La respuesta de nuestro Señor fue: "Escrito está también: No tentarás al Señor tu Dios".

La tercera tentación tenía que ver con la adoración. "Le llevó el diablo a un monte muy alto, y le mostró todos los reinos del mundo y la gloria de ellos, y le dijo: Todo esto te daré, si postrado me adorares".

El método que el Señor usó para vencer a Satanás está disponible a todos nosotros: "¡Escrito está! ¡Escrito está!" La espada del Espíritu, la Palabra de Dios con sus dos filos, es como la espada de Goliat. David dijo, al huir de Saúl, "Ninguna como ella; dámela".

 

La Impecabilidad del Señor

 

Hay consideraciones claves acerca de la tentación de nuestro Señor que debemos entender claramente. A diferencia de Adán que fue creado e inocente antes de su pecado, nuestro Señor es increado, el eterno Hijo de Dios y Santo. Él es Dios manifestado en carne. Su deidad y humanidad perfecta, inseparables, y sin pecado. Juan dice, "En él no hay pecado" (1 Juan 3.5) Pedro dice, "El no hizo pecado" (1 Pedro 2.22) Pablo dice, "El no conoció pecado" (2 Corintios 5.21) Él es el Cordero sin mancha (1 Pedro 1.19) Las Escrituras  nos dicen que Él fue tentado en todo según nuestra semejanza —o sea, según somos tentados— pero sin  pecado (Hebreos 4.15) En Él no había ninguna naturaleza caída a la cual el enemigo podría apelar.

 

 

No obstante las afirmaciones claras de las Escrituras, algunos dirían que, si bien Él no pecó, ha podido hacerlo; de otra manera, dicen, la tentación no era en verdad tal cosa. Este es terreno sumamente peligroso, y presenta preguntas graves en cuanto a la persona de Cristo. ¡Es blasfemia decir que el  Dios-Hombre ha podido pecar o ceder!

Él padeció siendo tentado. Sus tentaciones eran veraces. Su naturaleza santa y sin tacha sintió repugnancia ante las propuestas que le fueron formuladas. Hay dos tipos de tentación. Santiago (1:14)  habla de un tipo al decir que cada uno es tentado, “cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido”. Esto es cierto en cuanto a nosotros pero no de nuestro Señor. El otro tipo es la prueba. Abraham fue probado cuando Dios le mandó a ofrecer a su hijo como holocausto.

Se prueba cada viga en un puente, no para partirla sino para comprobar que puede llevar la carga. El oro puro puede soportar la prueba del fuego; el fuego no hace el oro, pero sí pone de manifiesto que el metal es oro. Una ciudad inexpugnable podría ser sitiada y cercada. Aunque inexpugnable, el cerco sigue siendo real.

El Señor Jesucristo, una persona sin pecado, ha podido sentir la fuerza de la tentación, aún más que nosotros. No se trató de una lucha fingida entre la naturaleza santa de Jesús y la persona del diablo. Guardemos, pues, la verdad de un Cristo impecable.

 

Salmos 91

 

1. El que habita al abrigo del Altísimo
Morará bajo la sombra del Omnipotente.

2. Diré yo a Jehová: Esperanza mía, y castillo mío;
Mi Dios, en quien confiaré.

3. El te librará del lazo del cazador,
De la peste destructora.

4. Con sus plumas te cubrirá,
Y debajo de sus alas estarás seguro;
Escudo y adarga es su verdad.

5. No temerás el terror nocturno,
Ni saeta que vuele de día,

6. Ni pestilencia que ande en oscuridad,
Ni mortandad que en medio del día destruya.

7. Caerán a tu lado mil,
Y diez mil a tu diestra;
Mas a ti no llegará.

8. Ciertamente con tus ojos mirarás
Y verás la recompensa de los impíos.

9. Porque has puesto a Jehová, que es mi esperanza,
Al Altísimo por tu habitación,

10. No te sobrevendrá mal,
Ni plaga tocará tu morada.

11. Pues a sus ángeles mandará acerca de ti,
Que te guarden en todos tus caminos.

12. En las manos te llevarán,
Para que tu pie no tropiece en piedra.

13. Sobre el león y el áspid pisarás;
Hollarás al cachorro del león y al dragón.

14. Por cuanto en mí ha puesto su amor, yo también lo libraré;
Le pondré en alto, por cuanto ha conocido mi nombre.

15. Me invocará, y yo le responderé;
Con él estaré yo en la angustia;
Lo libraré y le glorificaré.

16. Lo saciaré de larga vida,
Y le mostraré mi salvación.