Respuestas                            Traducido desde Truth & Tidings

                                                                                                                                                 Question & Answer Forum

 

 

¿Cómo distinguir estos cuatro días en las Escrituras?: día del hombre (I Corintios 4:3), el día de Cristo (Filipenses 1:10), el día del Señor (I Tesalonicenses 5:2) y el día de Dios (II Pedro 3:12)? ¿Cuándo comienzan, coinciden o se superponen?                                                   Mark Sweetnam, 2014

 

Podríamos, para comenzar respondiendo esta pregunta, establecer que estas expresiones no hacen referencia a un día de 24 hrs. En el Hebreo y Griego, la palabra “día” tiene una variedad de significados: desde la parte de un día, un período de 24 hrs, hasta un período de tiempo más largo que es señalado por un carácter común  particular  (por ej. “el día de salvación” en II Corintios 6:2; y el “día de la eternidad” en II Pedro 3:19, Darby)

 

Quizás el menos familiar es “el día del hombre”. Examinar esta frase en contexto es útil para nuestro entendimiento. Pablo establece en I de Corintios 4:3 “ Yo en muy poco tengo el ser juzgado por vosotros, o por tribunal humano; y ni aun yo me juzgo a mí mismo” Otras traducciones interpretan esta frase “tribunal humano” como “juicio del hombre” La traducción literal (esto es “día del hombre”) preserva el contraste que Pablo está dibujando entre el “día del hombre” en este capítulo 4 y “ese día” mencionado en el capítulo 3:13. Pablo no sólo contrasta el presente  con el futuro; también está contrastando el “día del hombre” –como el presente período en el cual las cosas son juzgadas por estándares humanos- con un futuro día cuando Cristo determinara el criterio para el juicio. Así, el día del Señor, día de Cristo y día de Dios dirigen nuestra atención hacia el juicio y administración que aplica en cada uno de estos períodos.

Los profetas del Antiguo Testamento hablaron frecuentemente del día del Señor (por ej. Isaías 2:12; 13:6; 13:9; Jeremías 46:10; Ezequiel 13:5; Joel 1:15; 2:1, 11, 31; 3:14; Amos 5:18, 20; Abdías 1:15; Sofonías 1:7, 14; Zacarías 14:1; Malaquías 4:5) y su descripción está bien resumida por Sofonías “Cercano está el día grande de Jehová, cercano y muy próximo; es amarga la voz del día de Jehová; gritará allí el valiente. Día de ira aquel día, día de angustia y de aprieto, día de alboroto y de asolamiento, día de tiniebla y de oscuridad, día de nublado y de entenebrecimiento, día de trompeta y de algazara sobre las ciudades fortificadas, y sobre las altas torres” (1:14-16) Este período, tan vívidamente evocado en la profecía, estará marcado ´por el juicio de Jehová sobre Israel y las naciones, y por directa administración divina de la tierra.

El comienzo del “día del Señor” es descrito en I Tesalonicenses 5:2-3: “Porque vosotros sabéis perfectamente que el día del Señor vendrá así como ladrón en la noche; que cuando digan: Paz y seguridad, entonces vendrá sobre ellos destrucción repentina, como los dolores a la mujer encinta, y no escaparán” Comenzará silenciosa y sigilosamente, viniendo sobre la humanidad en un tiempo de aparente seguridad. El uso que hace el apóstol del dolor del parto como un símil de la agonía que sobrevendrá al mundo es significativo. Es la misma palabra que utilizó el Señor Jesús cuando habló del “comienzo de dolores” que marcaría los primeros 3,5 años de la Tribulación (Mateo 24:8) Así, el “día del Señor” comenzará en el mismo momento de la Tribulación: quizá cuando el León de la tribu de Judá tomé el rollo sellado (Apocalipsis 5:7)

Pedro nos provee los detalles de la duración y conclusión de el “día del Señor” Utilizando un lenguaje similar al de Pablo el recuerda a sus lectores que “… el día del Señor vendrá como ladrón en la noche; en el cual los cielos pasarán con grande estruendo, y los elementos ardiendo serán deshechos, y la tierra y las obras que en ella hay serán quemadas (II Pedro 3:10) Así, el “día del Señor” se extiende desde el comienzo de la Tribulación. a través del Milenio, al momento cuando Dios plegará los cielos y la tierra como se hace con un vestido viejo (Hebreos 1:11 y 12)

También es Pedro, quien no cuenta acerca del “día de Dios” En el mismo capítulo 3 de su segunda epístola el mira más allá del “día del Señor”, hacia la eternidad: “en el cual los cielos, encendiéndose, serán deshechos, y los elementos, siendo quemados, se fundirán! Pero nosotros esperamos, según sus promesas, cielos nuevos y tierra nueva, en los cuales mora la justicia” (II Pedro 3:12 y 13) Éste es uno de los pocos atisbos que tenemos de el “estado eterno”, en el “día de la eternidad” (II Pedro 3:18, Darby) En aquel día, Cristo habrá entregado el reino a su Padre, y Dios será “todo en todos” (I Corintios 15:28)

Así, en los tres días que hemos considerado tenemos una secuencia cronológica a través del tiempo, extendiéndose desde el presente (día del hombre), a través de la Tribulación y Milenio (día del Señor), y sobre el estado eterno (el día de Dios)

Para el “día de Cristo”, el Apóstol Pablo usa un número de términos que describen un día que se aproxima y que es de revisión (I Corinitos 1:8; 3:13), recompensa (II Timoteo 4:6-8), regocijo (Filipenses 2:16) y descanso (Filipenses 1:6, 10) Estos términos son el “día de Cristo” (Filipenses 1:10, 2:16), el “día de Cristo Jesús” (Filipenses 1:6), el “día de nuestro Señor Jesucristo” (I Corintios 1:18), el “día del Señor Jesús” (I Corintios 5:5), y “ese día” (II Timoteo 1:12; 4:8) Es significativo que sólo Pablo habla de este día. Como la doctrina de la Iglesia, el día de Cristo es desconocido en el Antiguo Testamento. Aplica solamente a aquellos que “están en Cristo” Así como la Iglesia es un cuerpo celestial, el día de Cristo es un día celestial. Su carácter está en franco contraste con el terror asociado con el día del Señor. A diferencia de este último, el “día de Cristo” es esperado y anhelado por los creyentes. Las escrituras nos dan pocos detalles explícitos en relación a la ocurrencia de este día. Es claro, dado las características mencionadas antes, que debe tener lugar después del Rapto, y antes de que la Iglesia aparezca con Cristo en manifestación. Parece ser que el día de Cristo ocurrirá durante el período de la Tribulación, en este caso con un foco celestial más bien que terrenal. En este día, el Tribunal de Cristo y las Bodas del Cordero tendrán lugar.

 

¿Pasará la Iglesia por la tribulación?                           J.N.Smith, 1999

 

La Biblia afirma que la Iglesia, la cual es el Cuerpo de Cristo, no sufrirá la experiencia de la “Gran Tribulación” o lo que es lo mismo, “el Tiempo de angustia de Jacob”. En este período de juicio divino, Dios tratará con la ceguera espiritual y pecados de Israel, para restaurar la nación para Sí mismo. El pasaje del libro de Daniel, en el capítulo 9 (24 al 27),  describe la historia de Israel desde la desolación de Jerusalén por mano de Babilonia (II Crónicas 36: 15 al 21)  hasta su restauración y bendición con Cristo como su Rey. Los creyentes de esta dispensación, es decir la Iglesia del Señor,  no son mencionados en esta profecía ni en ninguna otra relacionada con la esperanza terrenal o el juicio de la nación de Israel. Nuestra esperanza es celestial por cuanto la ira de Dios fue sobre nuestro maravilloso Sustituto en el Calvario (Romanos 8:1 y 32 al 39)

En la segunda carta del apóstol Pablo a los Tesalonicenses (2:3 al 12) se establece que el Día del Señor, el cual incluye el derramamiento de Su ira sobre las naciones (los primeros 42 meses) e Israel, comienza al momento de la aparición del “Hombre de Pecado”.  Primero, el Espíritu Santo debe ser quitado. Hasta el momento del rapto, la obra del Espíritu Santo y la presencia de la Iglesia detienen la manifestación de este “Inicuo” y también la ira de Dios.

La Iglesia, habiendo sido arrebatada, no será el testigo de Dios sobre la tierra durante ese período. Ciento cuarenta y cuatro mil Judíos serán levantados predicando un mensaje para la esperanza de Israel, no la esperanza del al Iglesia.

Nosotros, en  Cristo, somos “hijos de la luz” y no “de las tinieblas”;  salvados de la ira venidera señalada para el mundo (I de Tesalonicenses 1:10; 5:2 al 9)

Apocalipsis 3:10 promete: “te guardaré de la hora de la prueba que ha de venir sobre el mundo entero”. Por la tanto, nuestra es un “bendita esperanza”, “un consuelo”, un inminente evento. “Porque nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos a nuestro Salvador, El Señor Jesucristo (Filipenses 3:20)

 

 

¿Es el “Rapto” algo distinto a la venida de Cristo a la tierra?        S. Thompson, 1999

 

La segunda venida de Cristo tiene dos segmentos: el rapto en el aire (I Tesalonicenses 4:17) y el retorno a la tierra (Zacarías 14:4) El término “rapto”, proviene de una expresión  que literalmente significa “arrebatar” (I Tesalonicenses 4:17) El Señor mismo (I Tesalonicenses 4:16) viene para tomar en el aire a los creyentes resucitados y a los que vivimos, para “estar con el Señor (ver Juan 14:3), por cuanto Él “no nos ha puesto para ira” (I Tesalonicenses 5:9; 1:10 y Romanos 5:9) Por el contrario, en Su retorno a la tierra, el Señor viene acompañado por Sus santos  (Zacarías 14:5; Apocalipsis 19:14) y con los “ángeles de Su poder” (II Tesalonicenses 1:7) En ese tiempo, Él ejecuta ira, tomando venganza sobre aquellos “que no conocieron a Dios” (II Tesalonicenses 1:8)

Otra distinción en I de Tesalonicenses, es que Pablo vio el “rapto” como inminente; podría ocurrir incluso mientras él escribió, toda vez  que  la expresión “los que vivimos” (I Tesalonicenses 4:15, 17) le incluye a él mismo.  Él dice que los tesalonicenses estaban esperando en el presente por “Su Hijo desde el cielo” (I Tesalonicenses 1:10; ver Tito 2:13) De nuevo, y por el contrario, el retorno del Señor a la tierra requiere que ciertas señales ocurran antes (Mateo 24:3, 6, 15, 21, 29 al 30) No podría ocurrir hoy. Además, la expresión, “la venida del Hijo del Hombre” está ligada únicamente a Su retorno terrenal. Adicionalmente, el cambio (o la transformación; I Corintios 15:51 al 53) de los creyentes que duermen y los que vivimos en el momento del rapto fue un misterio revelado solamente en el Nuevo Testamento. No había sido profetizado en las porciones del Antiguo Testamento relacionadas con el retorno de nuestro Señor a la tierra.

 

¿Enseña II Tesalonicenses 2:7 que el Espíritu de Dios no estará ya más en el mundo después del rapto?                                                              W. Skates, 1999

 

Implícito en el pregunta está la verdad de que el Espíritu de Dios, en Su única relación con la Iglesia (Juan 14:16) es “Quien lo detiene” del verso 7. Aquel será removido en el rapto  permitiendo que el “Hombre de Pecado”  sea revelado en su momento (verso 6) Sin embargo, Juan vio en el Cielo “una multitud, la cual ningún hombre podía contar”, la cual “salió de la gran tribulación” (Apocalipsis 7:9, 14) Estos tuvieron su “nuevo nacimiento” en la tribulación después del rapto  de la Iglesia. El Espíritu estará entonces operando en la tierra después del rapto, de otro modo no podría haber nuevo nacimiento (Juan 3:5) Además, todo lo llevado a cabo por Dios en el testimonio de los 144000 siervos sellados (Apocalipsis 7:4) debe ser mediante la energía del Espíritu. Los dos testigos muertos (Apocalipsis 11:11) serán resucitados por el espíritu de Dios (ver también Romanos 8:11)